miércoles, 28 de septiembre de 2011
jueves, 22 de septiembre de 2011
Otra tontería
Te diría muchas cosas que quizá entendieras
Pero, sumidos en un vacío casi irreal
Mis palabras no encontrarían medio por el que propagarse.
Viviendo en burbujas independientes, aislados.
Un solo de piano sin teclas / en un auditorio vacío.
Ese viento que arrastra hojarasca a ningún lugar concreto.
Yo, acurrucado en una esquina, al margen de los acontecimientos y
Mientras, la gente con sus idas y venidas,
Tú, en tu carabela, acostumbrada a un mar que no es redondo;
Y con esa voz desgarrada que ya nadie oye.
Vas de nube en nube sorteando los rayos,
Cantando a las sirenas, porque hace mucho que nadie lo hace.
Pero, sumidos en un vacío casi irreal
Mis palabras no encontrarían medio por el que propagarse.
Viviendo en burbujas independientes, aislados.
Un solo de piano sin teclas / en un auditorio vacío.
Ese viento que arrastra hojarasca a ningún lugar concreto.
Yo, acurrucado en una esquina, al margen de los acontecimientos y
Mientras, la gente con sus idas y venidas,
Tú, en tu carabela, acostumbrada a un mar que no es redondo;
Y con esa voz desgarrada que ya nadie oye.
Vas de nube en nube sorteando los rayos,
Cantando a las sirenas, porque hace mucho que nadie lo hace.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Anti-isótropo
No por intentar poner en orden nuestras ideas, conseguimos disminuir el desorden del Universo. Intentar poner orden, significa ser partícipe del caos, imbuirte de su cadencia y, al final, acabar peor de lo que se estaba: desordenado, desorientado y con un montón de Entropía que no te sirve para nada. Como si te sobrara espacio. Como si el tiempo fuera un parasiempre.
Y entonces llegan esos compases /
Y vuelves a ser una onda que se propaga en todas direcciones...
...deseando encontrar la anisotropía en algún punto.
Y así, huir de un mundo aburrido, en que todo es duradero, menos la belleza.
Y entonces llegan esos compases /
Y vuelves a ser una onda que se propaga en todas direcciones...
...deseando encontrar la anisotropía en algún punto.
Y así, huir de un mundo aburrido, en que todo es duradero, menos la belleza.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Lentes gravitatorias

Vivimos en un mundo difuso, bien porque miras atrás y los recuerdos se han perdido, bien porque miras hacia delante y no consigues enfocar bien. Para ambas nebulosas, globulares o abiertas, carecemos de instrumentos ópticos que junten todos los rayos en un haz coherente. Estamos en un punto como inmóviles en nuestro pequeño universo, dentro del Universo. Una mayúscula que es determinante. Un punto focalizado, con visión perfecta, pero demasiado pequeño. Una luz corta en la inmensa negrura del cielo. Una luz que alumbra tus pies, pero no el camino. Cuando intentas dar las largas, rebota deslumbrándote como si hubiera niebla baja, una noche cualquiera. Supongo que, como parece en la carretera, quizá sea mejor ver tus pies, que no ver nada; tener un punto claro en medio de la maraña. Necesitamos una lente gravitatoria interna. Una lente que permita ver aquello que está detrás, esperando que mires hacia allá. Estás, eres. Aunque no sepas nada más. Sólo una cosa: la nebulosa, siempre va contigo, fiel compañera desenfocada. Y tú, te has acostumbrado a no ver nada.
jueves, 15 de septiembre de 2011
Launch
lunes, 12 de septiembre de 2011
El peso del pensamiento

Nuestra función cerebral, es tan compleja, que unas veces parece una onda y otras, una partícula. Unas veces idea, pensamiento; pesadumbre o alegría. Otras, algo material, con masa medible y que ocupa un espacio y un tiempo. Ambas conceptos ligados, tanto que no tiene sentido hablar de uno sin recurrir al otro, aunque no se comporte como ambas cosas a la vez. Y como parte de la física que es, nuestros problemas están sujetos a sus leyes y teorías. Nuestra energía es parte de nuestra materia, y, a veces, se convierte en ella. Las ideas fugaces (positivas o negativas) hacen que nuestro cerebro vaya más rápido de lo que debe, convirtiendo esos pensamientos en algo material, plausible. Nos pesa, porque es un objeto macizo. Einstein quizá no vio las implicaciones de su ecuación: nosotros gastamos energía, pensamos a velocidades relativistas, luego adquirimos masa, y cuánta más masa tienen nuestros problemas, menos capacidad tenemos para resolverlos. Necesitaríamos un aporte de energía infinito. Todas estas cargas, ahora sí literales, son como si tuviéramos más fuerzas de rozamiento que nos impiden avanzar. Podría ser la Fuerza de Rozamiento Lúgubre. Caminando, los pies nos pesan, y se agarran al suelo como si tuviéramos cien, agarrándose a las irregularidades del asfalto, tirando en sentido contrario. Podríamos desear ser, en esos momentos, observadores externos, en nuestro propio sistema de referencia no ligado. Mirar desde todos los ángulos, despreciar la perspectiva para tener una visión global 4D. Girando en torno a ellos, enviándoles ondas de luz que nos llegarían de nuevo desplazadas al rojo o al azul, analizando un espectro aún más amplio gracias al movimiento. Los problemas son susceptibles al efecto Doppler. La perspectiva con que los percibes depende de la velocidad con la que te mueves, y si es hacia ellos o, por el contrario, huyes. Si tomas decisiones precipitadas, no se solucionan, porque las longitudes de onda van atropellándose, acortándose, agudizándose. Si sales por piernas, la onda se alarga, pero no lo suficiente para romperse. Uno está ligado a sus pensamientos, y no puede escapar de su atracción gravitatoria. Ni ellos de ti. Somos sistemas dobles, dos estrellas girando en torno al centro de masas, un planeta y su satélite. En simbiosis. Sincronizados. En ello, la memoria, hace las veces de cajón de sastre. Cajón en el que sabes que está todo lo que necesitas, pero que siempre encuentras lo que no quieres en ese momento. Las cosas banales, fútiles, deben ocupar más espacio, o tener colores vistosos. Deben ser más ligeras, y se quedan en las capas de arriba, cerca de la tapa, como enganchadas con un muelle para que salten y no puedas concentrarte en lo que necesitas. Sería bueno tener un índice, tener las noticias, los recuerdos de aquella chica, o de aquel curso, de ese día que jugaste tan bien al rugby o al tenis, las vivencias de nuestro viaje, los olores de cada momento y los sabores con sus sinsabores. Todo etiquetado, metido en las bolsas de plástico en las que tengo los comics para que no se deterioren. Aislados del polvo que se acumula en la singladura, de las ondas de alta energía que los chamuscarían, de los campos electromagnéticos que los cambiarían de forma, polarizándolos. En el catálogo de Ikea falta una sección: embalajes aislantes para recuerdos imperecederos. Los perecederos ya se quedan ahí solitos, sin que nadie se lo pida. Los recuerdos, son lo único que pesa más que los problemas. Quizá porque nadie sabe resetearse, o hacer limpieza, quizá nadie sabe como ordenarlo, ni tener un índice, ni siquiera un orden de prioridades. Los recuerdos, van por libre, partículas dispersas, de ésas que existen en un mundo cuya velocidad mínima es la de la luz, que necesitan perder masa para ir aún más rápido. Existen, y no podemos cazarlos, sólo intentar confinarlos, como si tuviéramos grandes campos magnéticos, para que no se nos descontrolen. Eso somos, un gran acelerador de recuerdos confinados, que, si no lo calculamos bien, nos estallarán tarde o temprano.
Ni por asomo es una paranoia, sino algo real, muy cierto:
http://ulises26.blogspot.com/2011/09/mas-tiempo-por-metro-cuadrado.html
miércoles, 7 de septiembre de 2011
El tiempo de los valientes

Como todos los grandes espectáculos deportivos en los que participan equipos de todo el mundo, el rugby tiene su fiesta grande cada cuatro años. A pesar de ser un torneo con una corta historia – el primer mundial fue en 1987 – es uno de los espectáculos deportivos más vistos en todo el mundo. Juegos Olímpicos, Mundial de Fútbol, Mundial de Rugby…la créme de la créme. En este deporte, la diferencia abismal que hay entre el primer mundo y el segundo mundo, hace que las sorpresas sean escasas, salvo en los mundiales. Las todopoderosas selecciones del sur, sufren a veces contra los vecinos más técnicos del norte, que, decidiendo ser David con su honda, amargan la existencia de los goliats, más perdidos que nunca. Así, antes de empezar, siempre hay tres favoritos: Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica. Luego están las dos alternativas por si algo falla, que son Inglaterra y Francia. El resto no cuenta. Son más equipos porque el torneo tiene que durar más de una semana. Los últimos años, siempre han dado la sorpresa los mismos, pues Francia suele ganar a Nueva Zelanda cuando mejor están jugando éstos, o Inglaterra va y gana el Mundial en 2003 para asombro de medio mundo. Pero más que la sorpresa de que Francia gane a los All Blacks, está la de que éstos pierdan. Siempre son los primeros candidatos al título. En los campos por los que pasan en esos cuatro años entre mundial y mundial, no vuelve a crecer la hierba. Atila disfrazado de maorí, con otros 14 fulanos a cuál más grande, arrasando a cada equipo con el que se cruzan. Y es literal porque es un deporte de contacto. De mucho contacto. Para ganar, hay que chocar, golpear, pisar y destrozar, y no creo que haya nada peor que tener delante a NZ con su hambre insaciable de victoria. Sólo escuchar su haka previa al partido ya haría que se me cayesen los pantalones. Este año, tras el fracaso del 2007, NZ tiene aún más presión, aún más miedo, aún más problemas. Juega en casa, y, teniendo en cuenta que el rugby es más que la religión, más que una afición, más que una costumbre, el placer se convierte en deber, y éste, en obligación. Todo lo que no sea arrasar, será considerado traición. Si esta vez fracasan, muchos no volverán a vestir la camiseta negra con el helecho plateado. Es cuestión de honor y de orgullo. Una nación entera que sabe que su equipo no tiene rival, pero al que siempre le sale uno inesperado cada cuatro años. Sólo han sido campeones una vez, la primera, sentando las bases del futuro que nunca repetirían. Es su año. Y no tienen otra opción, como dice Eminem:
“Success is my only motherfucking option, failure’s not”
Lo tienen todo. Una delantera fuerte, rápida, técnica y sin piedad. Unos medios portentosos, y unos trescuartos llenos de energía. Gente que juega con los ojos cerrados y un tío que mete patadas desde cualquier parte del campo. Que no falla ni tirando a propósito. McCaw, Carter, Muliaina, Kaino, Weepu, Conrad Smith, Sonny Bill Williams, Nonu… El viernes empieza todo. Esperemos que no acabe como otros años. Se lo deben a Taine Randell, a Carlos Spencer, a Christian Cullen, a Josh Cronfeld, Andrew Merthens, Justin Marshall, Tana Umaga y tantos otros genios.
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